miércoles, 10 de julio de 2013

Cómo viajar a China y no morir en el intento II - Hangzhou

El mismo viaje puede ser muy distinto según quién te lo cuente por ese motivo nosotros decidimos escribir una parte cada uno. Los detalles en los que uno no se fijó seguramente no pasaron inadvertidos para el otro. Yo voy a contar el día que pasamos en Hangzhou.




Antes de ir a la capital china hicimos una escapada a Hangzhou, una ciudad situada a poco más de 150 km de Shanghái. Para llegar allí cogimos el tren rápido que viaja a 300 km/h. El billete de ida en segunda clase nos costó 75 yuanes (no llega a 10€) pero el espacio entre los asientos de delante y los nuestros era mayor que en el avión. La propia estación Hongqiao de Shanghái es más grande que muchos aeropuertos españoles. Esa sensación de amplitud me acompañó todo el viaje (hasta llegar a Hong Kong). Calles anchas, carreteras de seis carriles en cada sentido, centros comerciales enormes, plazas inmensas...


Hangzhou fue descrita por Marco Polo como "la ciudad más bonita del mundo". La verdad es que la visión del Lago del Oeste, Patrimonio de la Humanidad, parece sacada de otro siglo. Y ahí estás tú, contemplando esa estampa tan bucólica con los campos de flor de loto en primer plano, los sampanes navegando el tranquilo lago, la borrosa imagen de las pagodas y las montañas que se perfilan detrás de la niebla contaminación cuando de repente un chino sale de la nada "amenazando" con una cámara. 
-Dani, ¿qué dice que quiere? ¿Que les haga una foto?
-No, quiere que os hagáis una foto con ellos. 


Continuamos bordeando el lago (la virgen qué de kilómetros tiene eso! leo ahora por internet que son 15 km de perímetro) y por el camino nos íbamos encontrando grupos de chinos resguardados del calor en pabellones jugando a las cartas o a un juego de mesa parecido a las damas pero con todas las fichas de color blanco y grabadas con un símbolo en la parte superior. 


El día era especialmente caluroso, rondábamos la sensación térmica de 40 grados, y caminar se hacía duro de cojones narices. Nos alejamos del lago y dirigimos nuestros pasos hacia la calle principal de Hangzhou, Hefang Jie. A lo largo de ella se suceden tiendas de souvenirs, pañuelos de seda, antigüedades, etc. Entramos en una tienda de papelería llena de libretas y postales. Cuando nos damos cuenta está lloviendo a todo trapo. En apenas 10 minutos la calle era una piscina. Nuestra primera tormenta tropical.


Tapada malamente con una sombrilla de papel que una hora antes me resguardaba del sol le echamos valor y escapamos hacia el restaurante para cenar. En China se puede comer a cualquier hora del día, muchos locales abren 24 horas. La cocina de los restaurantes está abierta sin atender a horarios aunque lo normal es comer algo entre las 12 y 1 del mediodía y hacer la comida fuerte a las 6 de la tarde.

Siguiente etapa: Pekín
Anterior etapa: Shanghái

Fotografías: Lara
Instagram: GonCancela
Agradecimientos: Casa China

1 comentario:

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